Sonaba Bach de fondo y hacía calor. Me había sentado en el balcón de madera para mitigar el bochorno de la tarde y huir de los pensamientos más grises que me venían asolando desde aquella mañana.
El pueblo aparecía tranquilo y apacible, con su sinfonía particular de grillos y chicharras que se mezclaba con las notas que salían de mi tocadiscos. Por un instante el tiempo pareció suspendido...
Miré hacía la izquierda y allí estaba ella: llena de color, enorme y viva.
—Así debería ser yo.
Foto by Marta ©
Enorme no sé, pero viva sí me lo pareces. De todas formas ten en cuenta que las flores se marchitan antes que nosotras.
ResponderEliminarMejor sigue como seas.
Besos
Lo tendré en cuenta, Isabel!
ResponderEliminarMe alegro que te haya gustado mi minirelato.
Un beso
Pocas palabras bien ordenadas para tanto contenido,amiguca.
ResponderEliminarSí,ellas son preciosas-no sé estar sin flores" y llenan el alma y dan color cuando uno está apagado,pero cuantas veces somos más grandes y estamos más vivos de lo que imaginamos.
Somo privilegiados por tener sensaciones,pensamientos,emociones,con caídas y subidas,con grises y blancos._Somos un mundo indivisible y por tanto plenos en nuestra totalidad .
Si fuera siempre de dia,no descubriríamos el poder de la luna.
Besucos veci.
Te honra la entrada.
Gó
Muchas gracias, Go!
ResponderEliminarUn besuco muy grande!