"Él nunca lo haría..." me quedó pensando en la frase cuando miro a la pequeña Zara.
Zara es una gatita a la que, mi costillo y yo, encontramos entre unos zarzales la semana pasada. Tenía más hambre que vergüenza, se le notaban las costillas y cojeaba de una pata trasera.
Ni mi costillo ni yo nos lo pensamos, la cogimos en brazos y nos la llevamos para casa. Jamás hemos podido mirar hacia otro lado ante una situación así: a ambos se nos rompe el corazón cuando encontramos un animal abandonado.
Me pregunto quién fue el desalmad@, qué persona tiene tan mal corazón para hacer algo así y no hallo respuesta, porque en mi naturaleza no está cerrar los ojos y mirar hacia otro lado.
Los animales son una responsabilidad y no se puede deshacer uno de ellos cuando ya no interesan. En caso extremo pueden regalarse o entregar a una sociedad protectora de animales. Hay otras cosas que pueden hacerse antes de abandonarlo...
Las fotos que os enseño son de los primeros días: dormía muchísimo (y es que apenas tiene cuatro meses) y sólo quería mimos. Ahora ya ha comenzado engordar, ya tiene la patita de atrás casi curada y es la alegría de la huerta.
¡Me tiene enamorada!
